Colaboración: @onhidra
Un día me preguntaste,
cuando me sorprendiste contemplándote
como si fueras la más hermosa obra de arte:
«¿Qué piensas de mí que te tiene así?»
Y no supe responderte apropiadamente
porque estaba tan hipnotizado por tu belleza.
Pero lo cierto, bonita, es que no existe una respuesta.
Simplemente, eres algo que no sé.
Cuando me miras
con esos penetrantes ojos
que me recuerdan a las épocas de otoño,
me quedo estático;
me pierdo dentro de un túnel de gusano
donde infinidades de extravagancias hallo.
Cuando me sonríes…
Es imposible definirlo.
Pareciera que tuvieras
diamantes entre los dientes
por lo deslumbrado que me dejas
cuando ríes a tu manera;
no creo que lo sepas
pero es la cosa más divina
que he visto en toda mi vida.
Cuando me hablas
con esa voz tímida,
con ese pequeño acento
me haces sentir amado;
escucharte es oír
la melodía de la canción
más bonita del mundo.
Y, joder, cuando me tocas…
Es una sensación inigualable,
supera todo lo suave:
el toque de una mariposa,
la caricia del terciopelo,
incluso el pelaje de mi perro.
Tu toque es una brisa cariñosa
que eriza mi piel.
Y así, me la pasaría describiendo
lo perfecta que eres
cuando repitas la misma pregunta,
aunque sé cuánto te incomoda
que elogien tu hermosura.
Mientras tanto, yo seguiré creyendo
que eres un ángel de alas doradas,
enviado como un milagro del cielo.
No puedo confirmar tu verdadera naturaleza
pero cuando nos juntamos,
siento que estoy creando lazos
con un ser celestial.
Poco a poco fue idealizándola, atribuyéndole virtudes improbables, sentimientos imaginarios y al cabo de dos semanas, ya no pensaba mas que en ella.
× Gabriel García Márquez × El amor en los tiempos del cólera ×








